Bankia, uno de los conglomerados de cajas de ahorro resultado de las exigencias políticas y monetarias de realizar fusiones y privatizaciones para sanear sus cuentas, ha tratado de potenciar la venta de sus acciones invitando a los posibles compradores a hacerse “bankeros”. La similitud fonética de esta nueva denominación con la tradicional de banquero, parece querer decir que si compras acciones participarás de los beneficios como ellos.
En realidad esa es la máxima de las nuevas políticas liberales para lograr el respaldo que le permite imponerse: créete que puedes ser como nosotros para entrar en un juego al que legitimas con tu participación.
Mientras Bankia, con Caja Madrid y Bancaja al frente, promete convertir en bankeros a sus accionistas, los presidentes de estas dos entidades, Rodrigo Rato y Juan José Olivas, (presidente y vicepresidente del nuevo engendro) se embolsarán, junto al consejero delegado, Francisco Verdú, hasta 10,15 millones de euros al año. Bueno, eso sólo si las cosas van muy bien, porque 6 millones los cobrarían por objetivos cumplidos. Si las cosas van muy mal, los tres banqueros únicamente cobrarán la irrisoria cantidad de 4,08 millones de euros. Lo malo del caso en que si eso sucediera, los nuevos “bankeros” podrían perder todo lo que hubieran invertido.
Por más que intenten inventar nuevas denominaciones, las pretensiones son muy viejas, tanto que son las mismas de siempre: enriquecerse unos pocos a costa de todos los demás.
Por cierto, los clientes de esas entidades, antes un tanto altruistas y obligadas a destinar una parte de sus beneficios a obras sociales, tendrán que pagar nuevas comisiones si tienen menos de 2.000 euros en sus cuentas y no tienen un salario domiciliado.
La desregulación, nueva denominación enmascarada de una liberación brutal que pide la no intervención de los estados en los negocios privados, pretende entregar las riendas del planeta a los escasos privilegiados que atesoran el capital y esclavizado al resto de la humanidad.
Las nuevas denominaciones alcanzan a muchos ámbitos, como Ingeniería en Finanzas, o Agencias de Calificación. Lo primero no dejó de ser un intento de sofisticar el origen de los perniciosos productos financieros que hundieron la banca internacional mientras unos pocos se enriquecían en un gigantesco timo piramidal, y las segundas fueron un invento de esos mismos bancos especuladores y generadores de los productos basura para que, pagándolas sustanciosas cantidades, vendieran las bondades de sus productos.
De hecho, esas mismas Agencias Calificadoras que ahora advierten de la situación de riesgo de algunos países europeos, mantuvieron excelentes expectativas para los bancos norteamericanos que les pagaron hasta el momento en el que quebraron.
Por el camino, muchos ciudadanos perdieron sus trabajos, sus viviendas, sus derechos a la salud y a la educación y hasta sus ilusiones, todo por las viejas pretensiones de que unos pocos se enriquezcan.
Con el beneplácito legislativo de nuestros políticos, todo se privatiza. Los Estados venden sus bancos, empresas e infraestructuras para obtener ingresos y dejan de regular los negocios privados, con la insidiosa justificación de favorecer la eficiencia de los mercados y, como consecuencia de ello, a los consumidores, que, por desgracia, somos todos.
Sin otras fuentes importantes de ingresos, ya que todo se ha privatizado, los Estados tienen que pedir dinero prestado al mismo capital privado que paga a las Agencias Calificadoras que, evidentemente van a tratar de lograr el tipo de interés más beneficioso para aquel quien les paga.
Los políticos, como demuestran los ingresos y cargos en multinacionales y organismos que ocupan tras abandonar el poder, no han dudado en malvender sus países para incluirse entre los privilegiados de las viejas pretensiones, junto a banqueros, financieros y especuladores. Para redondear eliminan el impuesto sobre el patrimonio y reducen impuestos directos y aumentan indirectos, lo que favorece a los más ricos, además de pretender eliminar los impuestos de sucesiones. Saben que dejarán grandes fortunas a sus herederos. La situación generalizada lo que hace es privatizar las ganancias y socializar las pérdidas.
Y a pesar de todo, seguimos haciendo caso a lo que dicen todos ellos.
(La crisis financiera y los compadreos entre banca y política norteamericana se explican en el documental "Inside Job": http://vimeo.com/50002273# , pero hay una banca diferente: http://www.youtube.com/watch?v=4S4uEkpFvsQ )
Con demasiada frecuencia nos imponen una supuesta realidad, y ocultan esos pequeños detalles que marcan la diferencia.
jueves, 7 de julio de 2011
martes, 21 de junio de 2011
Mutación de estados
Los participantes en las movilizaciones iniciadas el pasado 15 de mayo en diferentes lugares de España se han aglutinado bajo la denominación de indignados, porque este es el estado que les provoca la situación del país. Están indignados con la realidad social, económica y política de este país, y contra ella se rebelan y manifiestan.
El pasado domingo más de 60 ciudades españolas fueron el escenario de otras tantas manifestaciones que recogían el malestar de los indignados. Las marchas se desarrollaron pacíficamente y con un estricto control interno, con el fin de evitar actos de violencia como los que se produjeron cuando el movimiento reivindicativo trató de impedir que los parlamentarios catalanes accedieran al Parlament a la sesión donde se aprobaban unos restrictivos presupuestos en gastos sociales. Aquella violencia verbal y física transmutó a algunos de los indignados en indignantes, mientras que muchos de los indignantes políticos se transformaron en políticos indignados.
Ciertamente el uso de la violencia es indignante y, si la provocaron los propios indignados su actitud es deplorable y sus peticiones pierden legitimidad, que es precisamente lo que desean los indignados políticos. Por eso no es demasiado descabellada la conspiranoica idea de que los promotores de la violencia fueran infiltrados entre el grupo para desprestigiarlo. De hecho los políticos son auténticos especialistas en descalificar a sus contrincantes, utilizan todos los medios a su alcance para hacerlo y, últimamente parece que es lo único que son capaces de hacer: acusarse unos a otros mientras el país hace aguas.
Ahora toda la casta política se siente amenazada, así que hace corporativismo y lucha sin escrúpulos contra aquellos que piden una Democracia Real, ya. Ellos también necesitan sentirse indignados y comprendidos, y que mejor modo de hacerlo que deslegitimando a quien se enfrenta al sistema que les ampara acusándoles de ser violentos.
Los hechos sucedidos en Barcelona provocaron las indignadas declaraciones de muchos políticos. Una de las más significativos, por su vehemencia, fue la de Ana Botella.. La indignante Botella ejerció de indignada y acusó de indignante la violencia utilizada por los presuntos indignados. Ella, como muchos políticos, se olvido de cuanto indigna su persona cuando, por ejemplo, utiliza el coche oficial para ir a la peluquería, o cuando sus medidas para reducir la contaminación en Madrid consisten en cambiar las estaciones de medición a zonas de la ciudad menos contaminadas.
Tal vez no sea indignante que los indignados políticos se blinden con privilegios y recorten gastos sociales mientras hacen el caldo gordo a los bancos y a los grandes empresarios para que se enriquezcan aún más. La tendencia de recortar gastos en sanidad y educación y potenciar su progresiva privatización acabará provocando que sólo tengan acceso a esos servicios quienes puedan pagárselos.
Siempre ha sido un objetivo de los gobernantes despóticos mantener a sus súbditos en la ignorancia con el fin de anular las actitudes críticas para perpetuarse en el poder. Quizás todo eso no sea indignante, sino que de lo que se trata es de que los políticos que defienden esas actuaciones marcadas por los mercados y defendidas por la Unión Europea, son indignos de los cargos que ocupan, ya que su deber es velar por el interés general…y a pesar de todo, salen elegidos.
Esa es la magia de una degenerada democracia en la que mandan los partidos, y el capital que les secunda para utilizarles como lacayos de sus intereses.
Se puede comprender a los indignados, a través de las causas que provoca su indignación, incluso se pueden justificar actuaciones puntualmente indignantes (jamás la violencia), pero lo que es inaceptable es ser indigno en un cargo político porque nadie les obliga a ocuparlos.
Ojalá la unanimidad de hoy del Congreso para estudiar las propuestas del movimiento 15M, y profundizar en la transparencia y el control de las instituciones, sea un paso para dignificar el estado de una decrépita clase política.
El pasado domingo más de 60 ciudades españolas fueron el escenario de otras tantas manifestaciones que recogían el malestar de los indignados. Las marchas se desarrollaron pacíficamente y con un estricto control interno, con el fin de evitar actos de violencia como los que se produjeron cuando el movimiento reivindicativo trató de impedir que los parlamentarios catalanes accedieran al Parlament a la sesión donde se aprobaban unos restrictivos presupuestos en gastos sociales. Aquella violencia verbal y física transmutó a algunos de los indignados en indignantes, mientras que muchos de los indignantes políticos se transformaron en políticos indignados.
Ciertamente el uso de la violencia es indignante y, si la provocaron los propios indignados su actitud es deplorable y sus peticiones pierden legitimidad, que es precisamente lo que desean los indignados políticos. Por eso no es demasiado descabellada la conspiranoica idea de que los promotores de la violencia fueran infiltrados entre el grupo para desprestigiarlo. De hecho los políticos son auténticos especialistas en descalificar a sus contrincantes, utilizan todos los medios a su alcance para hacerlo y, últimamente parece que es lo único que son capaces de hacer: acusarse unos a otros mientras el país hace aguas.
Ahora toda la casta política se siente amenazada, así que hace corporativismo y lucha sin escrúpulos contra aquellos que piden una Democracia Real, ya. Ellos también necesitan sentirse indignados y comprendidos, y que mejor modo de hacerlo que deslegitimando a quien se enfrenta al sistema que les ampara acusándoles de ser violentos.
Los hechos sucedidos en Barcelona provocaron las indignadas declaraciones de muchos políticos. Una de las más significativos, por su vehemencia, fue la de Ana Botella.. La indignante Botella ejerció de indignada y acusó de indignante la violencia utilizada por los presuntos indignados. Ella, como muchos políticos, se olvido de cuanto indigna su persona cuando, por ejemplo, utiliza el coche oficial para ir a la peluquería, o cuando sus medidas para reducir la contaminación en Madrid consisten en cambiar las estaciones de medición a zonas de la ciudad menos contaminadas.
Tal vez no sea indignante que los indignados políticos se blinden con privilegios y recorten gastos sociales mientras hacen el caldo gordo a los bancos y a los grandes empresarios para que se enriquezcan aún más. La tendencia de recortar gastos en sanidad y educación y potenciar su progresiva privatización acabará provocando que sólo tengan acceso a esos servicios quienes puedan pagárselos.
Siempre ha sido un objetivo de los gobernantes despóticos mantener a sus súbditos en la ignorancia con el fin de anular las actitudes críticas para perpetuarse en el poder. Quizás todo eso no sea indignante, sino que de lo que se trata es de que los políticos que defienden esas actuaciones marcadas por los mercados y defendidas por la Unión Europea, son indignos de los cargos que ocupan, ya que su deber es velar por el interés general…y a pesar de todo, salen elegidos.
Esa es la magia de una degenerada democracia en la que mandan los partidos, y el capital que les secunda para utilizarles como lacayos de sus intereses.
Se puede comprender a los indignados, a través de las causas que provoca su indignación, incluso se pueden justificar actuaciones puntualmente indignantes (jamás la violencia), pero lo que es inaceptable es ser indigno en un cargo político porque nadie les obliga a ocuparlos.
Ojalá la unanimidad de hoy del Congreso para estudiar las propuestas del movimiento 15M, y profundizar en la transparencia y el control de las instituciones, sea un paso para dignificar el estado de una decrépita clase política.
lunes, 30 de mayo de 2011
Modos de compartir
Un joven amigo, entusiasta de los perros y su adiestramiento, me cuidó la mascota durante unos meses. Él tiene cuatro, y me comentaba que, algunos periodos, cuando distribuía su comida trataba de disciplinarlas, de tal modo que si no obedecían no tenían acceso a los respectivos recipientes de comida. Normalmente todos cumplían las órdenes, pero en una ocasión uno de sus perros se quedó sin comer. Entonces su narración me conmovió. Resulta que mi mascota, una cachorro cocker negro de dos años (quienes hallan convivido con uno quizás me puedan entender mejor, aunque no del todo), el único animal que conozco que, junto al Gollum de “El señor de los anillos”, puede aproximarse a la raza humana en ser tan egoísta, posesivo, avaricioso y celoso, cogía los granos de su pienso en sus fauces y se los llevaba a la mascota castigada para que pudiera alimentarse..
Si hasta el cocker con el que convivo es capaz de compartir, no es demasiado comprensible que el ser humano, supuestamente la especie más inteligente del planeta, no es capaz de hacerlo, y eso a pesar de ser conocedor del placer que supone compartir, porque al fin y al cabo la felicidad de la vida se incrementa al compartir, tanto cosas materiales como situaciones, experiencias o sentimientos, con aquellos a quienes amas, aprecias o lo necesitan. Y lo que es aún peor, que en lugar de compartir se dedique a enriquecerse y atesorar dinero y propiedades, casi siempre a costa de las penurias de los demás, y siempre con ellas como consecuencia.
Recientemente una multinacional de las telecomunicaciones, que lleva mucho tiempo tratando, como todas las grandes empresas, de humanizar su imagen y vender sus benevolencias, tiene como eslogan para vender sus productos “Compartida, la vida es más”.
Completamente de acuerdo, sólo que ellos lo que pretenden es que compremos sus servicios para poder comunicarnos unos con los otros.
La Real Academia de la Lengua define compartir como: “Repartir, dividir, distribuir algo en partes”, o, en una segunda acepción, “Participar en algo”.
Así los usuarios pagan para participar en conversaciones o en intercambios de información, y hacen que su vida sea más “compartiendo” esas conversaciones. Mientras, los 1.900 directivos de la multinacional para hacer que su vida sea más, se quedarán con la primera acepción de compartir, y se repartirán, dividirán y distribuirán en partes, en los próximos cinco años, 450 millones de euros, más cincuenta en pluses de permanencia, todos ellos pagados por los usuarios.
Al fin y al cabo han debido hacerlo estupendamente cuando el año pasado obtuvieron más de 10.000 millones de euros de beneficios, un 30 por ciento más que el año anterior, por todo aquello que compartieron sus usuarios. Puesta a compartir, la misma amable compañía en esos mismos cinco años de repartir 500 millones de euros entre sus directivos repartirá 8400 cartas de despido entre sus empleados en España, lo que supone que el 25 por ciento de la plantilla hará de su vida más con la carta de despido resultante del reparto, cuyos costes quieren que además sean asumidos por el estado mediante expedientes de regulación de empleo (ERE).
Su argumento es que en España los ingresos de la multinacional en España bajaron el 6 por ciento en 2009 y el 5 por ciento en 2010. Quizás los sustanciosos beneficios del grupo provengan más de la monopolística y explotadora situación de la compañía en algunos países donde está implantada, que de las habilidades de sus directivos.
Para llegar hasta este punto, la empresa se fundó en 1924, durante la dictadura de Primo de Rivera, y en 1945 pasó a manos del estado franquista en sus ¾ partes. ¬¬La floreciente y exitosa compañía fue creciendo y repartiendo jugosos dividendos entre sus accionistas, entre ellos el mayoritario Estado, hasta que, cerca del fin de su última legislatura al frente del gobierno, en 1995, Felipe González, en sintonía con la tendencia marcada por la Unión Europea, decide promover el reparto de los pasteles más golosos del estado al capital privado y pone a la venta parte de su participación en ella, como ya había hecho en 1993 con Argentaria. Entonces Telefónica contaba con 76000 empleados, y seguramente menos directivos que ahora. Los gobiernos de José María Aznar se encargarían de rematar los golosos saldos para el enriquecimiento privado con argumentos de liberalización de mercados y beneficios para los usuarios. Precisamente es con la llegada de Aznar al poder cuando el actual presidente, Cesar Alierta, bregado en temas de bolsa, llega a Tabacalera y concluye su privatización total. Cuatro años después, en 2000, pasa a presidir Telefónica hasta borrar de ella incluso el nombre, ya que ahora se llama MoviStar. Por el camino se han quedado más de 50.000 empleos y jugosos beneficios para sus directivos y accionistas mayoritarios.
Eso si, el amable eslogan de la multinacional reza Compartida la vida es más. Alierta, puede ser un gran gestor para los intereses de sus accionistas,
Pero también es un negado comunicador para presidir hasta su comunidad de vecinos, que compartió con su cuenta bancaria desde 2,3 millones de euros en 2003 hasta 8,6 millones de euros en 2010 y que ha sido criticado por otros grandes directivos por la falta de escrúpulos en sus actuaciones para maximizar los beneficios.
Como siempre, todo es compartido. Tú compartes el pago, y ellos el reparto.
Si hasta el cocker con el que convivo es capaz de compartir, no es demasiado comprensible que el ser humano, supuestamente la especie más inteligente del planeta, no es capaz de hacerlo, y eso a pesar de ser conocedor del placer que supone compartir, porque al fin y al cabo la felicidad de la vida se incrementa al compartir, tanto cosas materiales como situaciones, experiencias o sentimientos, con aquellos a quienes amas, aprecias o lo necesitan. Y lo que es aún peor, que en lugar de compartir se dedique a enriquecerse y atesorar dinero y propiedades, casi siempre a costa de las penurias de los demás, y siempre con ellas como consecuencia.
Recientemente una multinacional de las telecomunicaciones, que lleva mucho tiempo tratando, como todas las grandes empresas, de humanizar su imagen y vender sus benevolencias, tiene como eslogan para vender sus productos “Compartida, la vida es más”.
Completamente de acuerdo, sólo que ellos lo que pretenden es que compremos sus servicios para poder comunicarnos unos con los otros.
La Real Academia de la Lengua define compartir como: “Repartir, dividir, distribuir algo en partes”, o, en una segunda acepción, “Participar en algo”.
Así los usuarios pagan para participar en conversaciones o en intercambios de información, y hacen que su vida sea más “compartiendo” esas conversaciones. Mientras, los 1.900 directivos de la multinacional para hacer que su vida sea más, se quedarán con la primera acepción de compartir, y se repartirán, dividirán y distribuirán en partes, en los próximos cinco años, 450 millones de euros, más cincuenta en pluses de permanencia, todos ellos pagados por los usuarios.
Al fin y al cabo han debido hacerlo estupendamente cuando el año pasado obtuvieron más de 10.000 millones de euros de beneficios, un 30 por ciento más que el año anterior, por todo aquello que compartieron sus usuarios. Puesta a compartir, la misma amable compañía en esos mismos cinco años de repartir 500 millones de euros entre sus directivos repartirá 8400 cartas de despido entre sus empleados en España, lo que supone que el 25 por ciento de la plantilla hará de su vida más con la carta de despido resultante del reparto, cuyos costes quieren que además sean asumidos por el estado mediante expedientes de regulación de empleo (ERE).
Su argumento es que en España los ingresos de la multinacional en España bajaron el 6 por ciento en 2009 y el 5 por ciento en 2010. Quizás los sustanciosos beneficios del grupo provengan más de la monopolística y explotadora situación de la compañía en algunos países donde está implantada, que de las habilidades de sus directivos.
Para llegar hasta este punto, la empresa se fundó en 1924, durante la dictadura de Primo de Rivera, y en 1945 pasó a manos del estado franquista en sus ¾ partes. ¬¬La floreciente y exitosa compañía fue creciendo y repartiendo jugosos dividendos entre sus accionistas, entre ellos el mayoritario Estado, hasta que, cerca del fin de su última legislatura al frente del gobierno, en 1995, Felipe González, en sintonía con la tendencia marcada por la Unión Europea, decide promover el reparto de los pasteles más golosos del estado al capital privado y pone a la venta parte de su participación en ella, como ya había hecho en 1993 con Argentaria. Entonces Telefónica contaba con 76000 empleados, y seguramente menos directivos que ahora. Los gobiernos de José María Aznar se encargarían de rematar los golosos saldos para el enriquecimiento privado con argumentos de liberalización de mercados y beneficios para los usuarios. Precisamente es con la llegada de Aznar al poder cuando el actual presidente, Cesar Alierta, bregado en temas de bolsa, llega a Tabacalera y concluye su privatización total. Cuatro años después, en 2000, pasa a presidir Telefónica hasta borrar de ella incluso el nombre, ya que ahora se llama MoviStar. Por el camino se han quedado más de 50.000 empleos y jugosos beneficios para sus directivos y accionistas mayoritarios.
Eso si, el amable eslogan de la multinacional reza Compartida la vida es más. Alierta, puede ser un gran gestor para los intereses de sus accionistas,
Pero también es un negado comunicador para presidir hasta su comunidad de vecinos, que compartió con su cuenta bancaria desde 2,3 millones de euros en 2003 hasta 8,6 millones de euros en 2010 y que ha sido criticado por otros grandes directivos por la falta de escrúpulos en sus actuaciones para maximizar los beneficios.
Como siempre, todo es compartido. Tú compartes el pago, y ellos el reparto.
miércoles, 18 de mayo de 2011
Lo más fácil
Ante la reciente, y tardía, materialización del malestar social con la clase política dominante en España en las concentraciones celebradas desde el pasado domingo en diferentes ciudades españolas denunciando los excesos de los políticos y la partitocracia y reclamando una “Democracia Real YA” , algunos de los aludidos, los menos, se han unido a la iniciativa, otros la ignoran cautelosamente y temerosamente mientras la tratan de reprimir, otros ven una conspiración judeo masónica, y algún otro, además, se ha defendido.
El más significativo defensor de su actitud, el líder del Partido Popular y futuro presidente del gobierno español si la santa providencia no lo remedia, Mariano Rajoy, afirmó en uno de los mítines a sus seguidores: “Lo fácil es descalificar la política y a los políticos, y ya se sabe que a veces hay gobiernos que no están a la altura de las circunstancias…” para después de despejar el balón al lado contrario, defender la honradez y entrega de muchos de los políticos que había conocido asegurando que en treinta años ha visto mucho esfuerzo y ganas de servir en todos los partidos. De hecho Rajoy, poco después en otra comparecencia ante sus seguidores, premiaba con su amistad y apoyo al imputado en el caso Gürtel y presidente valenciano, Francisco Camps, aunque la mayoría de sus conciudadanos también deben estar muy contentos con él, porque le van a respaldar con su voto.
Tiene razón Rajoy. Es fácil descalificar a los políticos. Corrupciones, desfalcos, tráfico de influencias y demás desmanes que cometen, incluidas sus privilegios y prebendas, son un fácil cultivo para la descalificación.
Pero Rajoy en su carrera ha hecho cosas mucho más fáciles que de las que acusa a los demás. Mirar para otro lado en los casos de corrupción o situaciones incómodas, evitar responder preguntas de periodistas, minimizar la catástrofe del Prestige hablando de hilillos de plastilina, inculpar en atentados a quien no correspondía,… Todo eso es más fácil aún que descalificar a los políticos, a pesar de que nos lo ponen a huevo.
Él es un auténtico experto en facilitar las descalificaciones hacia la clase política. Hasta en un programa televisivo preparado exclusivamente para su lucimiento ante el público facilita hasta extremos inusitados su propia descalificación.
Eso sí, nos demuestra que en este caso él no hace lo más fácil. Lo más fácil suele ser entender la propia letra recién escrita, o, si me apuras, recordar las inmediatas preguntas, además probablemente preparadas y conocidas previamente. Sería lícito descalificar a quien no pudiera realizar tareas tan fáciles y dudar de su capacidad de afrontar funciones, a priori, algo más difíciles, como por ejemplo dirigir un país.
El más significativo defensor de su actitud, el líder del Partido Popular y futuro presidente del gobierno español si la santa providencia no lo remedia, Mariano Rajoy, afirmó en uno de los mítines a sus seguidores: “Lo fácil es descalificar la política y a los políticos, y ya se sabe que a veces hay gobiernos que no están a la altura de las circunstancias…” para después de despejar el balón al lado contrario, defender la honradez y entrega de muchos de los políticos que había conocido asegurando que en treinta años ha visto mucho esfuerzo y ganas de servir en todos los partidos. De hecho Rajoy, poco después en otra comparecencia ante sus seguidores, premiaba con su amistad y apoyo al imputado en el caso Gürtel y presidente valenciano, Francisco Camps, aunque la mayoría de sus conciudadanos también deben estar muy contentos con él, porque le van a respaldar con su voto.
Tiene razón Rajoy. Es fácil descalificar a los políticos. Corrupciones, desfalcos, tráfico de influencias y demás desmanes que cometen, incluidas sus privilegios y prebendas, son un fácil cultivo para la descalificación.
Pero Rajoy en su carrera ha hecho cosas mucho más fáciles que de las que acusa a los demás. Mirar para otro lado en los casos de corrupción o situaciones incómodas, evitar responder preguntas de periodistas, minimizar la catástrofe del Prestige hablando de hilillos de plastilina, inculpar en atentados a quien no correspondía,… Todo eso es más fácil aún que descalificar a los políticos, a pesar de que nos lo ponen a huevo.
Él es un auténtico experto en facilitar las descalificaciones hacia la clase política. Hasta en un programa televisivo preparado exclusivamente para su lucimiento ante el público facilita hasta extremos inusitados su propia descalificación.
Eso sí, nos demuestra que en este caso él no hace lo más fácil. Lo más fácil suele ser entender la propia letra recién escrita, o, si me apuras, recordar las inmediatas preguntas, además probablemente preparadas y conocidas previamente. Sería lícito descalificar a quien no pudiera realizar tareas tan fáciles y dudar de su capacidad de afrontar funciones, a priori, algo más difíciles, como por ejemplo dirigir un país.
martes, 17 de mayo de 2011
Únicamente
Y mientras, únicamente, el presidente del Fondo Monetario Internacional (FMI) Dominique Strauss-Kahn, es detenido en la butaca clase “business” del avión en el que pretendía viajar de Nueva York a Paris, acusado, únicamente, por agresiones sexuales a una empleada del lujoso hotel en el que se alojaba pagando 3000 dólares por noche; él propio imputado, y el resto de esos políticos, mandatarios, gobernantes, empresarios, gurús y banqueros, que piensan y viven como él, alojándose en lujosos hoteles, viajando en primera clase y enriqueciéndose el máximo posible, nos sodomizan un poquito a todos los ciudadanos de a pie aconsejando, imponiendo y exigiendo austeridad, recortes sociales y pérdidas de derechos.
Conspiración o realidad, al menos, únicamente, la empleada del hotel quizás se vea resarcida de alguna de las agresiones infringidas por uno de los impunes sodomizadores compulsivos que dirigen nuestros destinos y que abusan de nosotros continuamente con sus decisiones y actuaciones. Mientras no tengamos la difícil e improbable suerte de que todos ellos sean juzgados por los depravados, corruptos y lucrativos delitos que disfrazan, cometen y auspician para mantener los privilegios de unos pocos, tendremos que conformarnos con elegir en aquello que podemos. Evitemos que esos entes despreciables, únicamente movidos por ambición económica, adquieran ningún tipo de poder. Tú sabes discernir quienes son, así que, únicamente ni les votes, ni les compres sus productos, ni trabajes para ellos, ni les confíes tu dinero... Únicamente no les sigas ese gran juego de consumo y materialismo en el que nos tienen atrapados.
Conspiración o realidad, al menos, únicamente, la empleada del hotel quizás se vea resarcida de alguna de las agresiones infringidas por uno de los impunes sodomizadores compulsivos que dirigen nuestros destinos y que abusan de nosotros continuamente con sus decisiones y actuaciones. Mientras no tengamos la difícil e improbable suerte de que todos ellos sean juzgados por los depravados, corruptos y lucrativos delitos que disfrazan, cometen y auspician para mantener los privilegios de unos pocos, tendremos que conformarnos con elegir en aquello que podemos. Evitemos que esos entes despreciables, únicamente movidos por ambición económica, adquieran ningún tipo de poder. Tú sabes discernir quienes son, así que, únicamente ni les votes, ni les compres sus productos, ni trabajes para ellos, ni les confíes tu dinero... Únicamente no les sigas ese gran juego de consumo y materialismo en el que nos tienen atrapados.
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