Con demasiada frecuencia nos imponen una supuesta realidad, y ocultan esos pequeños detalles que marcan la diferencia.

lunes, 15 de febrero de 2016

¡Fuera caretas!

   La truculenta y costosa fiesta de disfraces y poltronas que gobierna este país y que financiamos con nuestros impuestos ha llegado a un punto en el que todos los participantes deben quitarse las caretas y asumir la realidad, y más aún cuando ya concluyen los carnavales 2016 y se van a cumplir dos meses desde las últimas elecciones. El último, y reciente, circo electoral del 20D ha dejado un novedoso panorama en el que no caben ambigüedades que se puedan ocultar bajo la alfombra de los remiendos legislativos, los requiebros legales o del olvido, actuaciones habituales del último gobierno popular. 

   Albert Rivera se desenmascaró, para quien no tenía claro ya su verdadero rostro, el viernes 18 de diciembre cuando dejó para la jornada de reflexión de sus posibles electores por primera vez que iba a respaldar un posible gobierno del PP. Tal vez el secreto a voces revelado por el líder de Ciudadanos hizo recapacitar a algunos de sus presuntos votantes que, al arrepentirse, trastocaron las previsiones de unas encuestas que parecían garantizar la mayoría de un pacto PP-Ciudadanos para sustentar cuatro años más de gobierno popular, ahondando más en desigualdades y en políticas retrógradas y antisociales para continuar potenciando la especulación, que es en el fondo lo que persigue la formación de Albert Rivera, eso sí, maquillando con nuevos aires las reaccionarias ideologías que sustentan la rancia y arcaica esencia de ambas formaciones de que los ricos sean cada vez más ricos y los pobres más pobres. 

   Los inesperados resultados que auparon a Podemos al lugar reservado en las encuestas para Ciudadanos frustraron las esperanzas conservadoras de continuar su atroz gobierno, y casi de inmediato Mariano Rajoy y las hordas peperas reivindicaron su condición de fuerza más votada y la obligada democrática decisión de dejarles gobernar, e incluso llegar a necesarios pactos para garantizar la estabilidad y el futuro del país. La conciliadora llamada al diálogo y al consenso de Mariano Rajoy y sus adláteres hubiera sido mucho más creíble, verosímil y aceptable si el grupo popular no se hubiera pasado cuatro años aplastando cualquier iniciativa que no fuera suya con el rodillo de su mayoría absoluta, y despreciando, ninguneando y manipulando a las instituciones democráticas, e incumpliendo completamente y desde el principio un programa electoral respaldado por casi once millones de ingenuos electores. 

   Repasando uno a uno los ministerios del gobierno de Rajoy, sus unilaterales actuaciones no han favorecido a la mayoría de los habitantes de este país. Desde la imposición de las tasas judiciales hasta la subida del IVA, pasando por el desmantelamiento de los servicios públicos a base de recortes en sanidad, educación, dependencia y cualquier tipo de gasto social, y llegando a la aprobación de legislaciones restrictivas de derechos y libertades como la ley mordaza, la politización de la justicia y la utilización partidista de instituciones, han ido todas ellas contra la mayor parte de la población. Por mucho que ahora quieran colocarse la careta de demócratas dialogantes, los irrefutables hechos de los últimos cuatro años, avalados por la actitud despectiva, prepotente y casi insultante de las fuerzas populares con su todopoderoso presidente Mariano Rajoy, que sido capaz de aglutinar a un grupo de ministros sin escrúpulos para hacer retroceder al país sesenta años atrás, pero con la mayor parte de las posesiones que entonces eran de la dictadura en manos de la especulación privada. 

   Los renovados discursos de sus portavoces, clamando por un diálogo y unas normas democráticas que jamás han respetado, hieden tanto a la corrupción institucionalizada que salpica al partido y que le inhabilita para gobernar, al menos hasta que se renueven las cúpulas responsables, por activa y por pasiva, de las corruptelas generalizadas allá donde han gobernado. Esperanza Aguirre ya ha dimitido como presidenta del PP madrileño, pero continua como concejala en el ayuntamiento de Madrid, por lo que dada su trayectoria, como en las malas películas de terror, es muy probable que no se vaya realmente nunca. 

    En las filas del PSOE también hay muchas caretas que quitar. Especialmente en las cavernas de la vieja guardia dirigente y sus secuelas directas, donde la comodidad del aburguesamiento se instalado, si no lo estaba ya. Es hora de olvidar gloriosos pasados, aceptar errores y retornar a los orígenes proletarios que presidieron su fundación como partido político y que seguramente reside entre la mayor parte de sus militantes de base, pero que parece diluirse a medida que se aumenta en el escalafón organizativo. Pedro Sánchez, si le dejan, puede definir hacia donde quieren dirigir sus siglas si hacia el Socialista Obrero o hacia el Partido Español. 

    Podemos, si bien hasta ahora no ha tenido caretas reales, porque son nuevos y no ha habido tiempo de constatarlas, si que las tiene ideológicas, y deben desprenderse de ellas, pero sobre todo aceptar el amplio trecho que va desde las utópicas teorías políticas hasta las realizables prácticas gubernamentales, y no pretender realizar saltos arriesgados cuando son más fiables los pequeños pasos para tratar de garantizar la llegada a la meta, aunque sea más lenta. 

   También los votantes tenemos nuestras caretas, no en vano el PP se siente respaldados por 7,2 millones de votantes para seguir llevando al país por derroteros similares a los actuales, en los que la corrupción sigue campando a sus anchas y con los miembros del partido salpicados por ella protegidos para evitar su procesamiento judicial, y las desigualdades sociales incrementándose. 

   Si bien 3,6 millones de los votantes del PP en 2011 ya le han abandonado y no apoyan sus políticas, me pregunto cuantos de los millones que aún le quedan tienen que quitarse la careta de corruptos, corruptores o vividores del sistema, cuantos la de querer parecerse a ellos, cuantos la de añorar un franquismo tan terrorista en su gestación y desarrollo como los terrorismos que dicen condenar, y cuantos realmente son conservadores demócratas convencidos. 

   Objetivamente el voto de izquierdas en este país es superior al de derechas, y ya va siendo hora de que sus representantes se pongan de acuerdo en derrocar una derecha que históricamente ha asolado a este país. Es el primer paso en un camino que sin duda debe quitar la idealizada máscara que confiere a la constitución del 78 un halo de perfecta ejemplaridad. Algo tendrá de malo cuando ha llevado al estado a estos límites de corrupción institucional y bipartidista, comenzando porque un sistema no puede ser muy democrático cuando blinda a los partidos mayoritarios e impone una jefatura de estado por designación divina, como todas las arcaicas monarquías del planeta, y una unidad territorial impuesta. El propio Rajoy, como tantos hipócritas desvergorzados, suele afirmar que las cosas deben ser "como dios manda". Será su dios, porque el mío no permitiría que los mismos que le rezan fervorosamente en los templos, y se escandalizan por la presencia en ellos de torsos desnudos, legislen, gobiernen y actúen, e incluso roben, potenciando la miseria en la mayoría y el enriquecimiento de unos pocos. 

    Si lo hacen tan bien, y es todo tan bueno, ¿por qué tienen miedo a preguntarnos lo que queremos? Lo único que les interesa es mantener sus poltronas y privilegios, no el bienestar del pueblo, porque la mayoría de ellos fuera de la vida política, o de las influencias que ésta les ha conferido, serían mediocres personajes. Muchos, por tradición franquista, están en política para forrarse, frase que se le atribuye a Eduardo Zaplana, pero que pronunció el ex-secretario general del PP de Valencia, Vicente Sanz. Zaplana, como la mayoría de ellos, fue más sútil, y expresó su deseo de entrar en política para ganarse la vida cómoda y holgadamente, no para servir al interés común, como tanto cacarean.  No son servidores públicos, sino que se sirven de lo público. 

¡Fuera caretas TODOS y asumamos cada uno nuestra responsabilidad!  

sábado, 12 de diciembre de 2015

Los sastres del poder... (y sus trajes a medida)

    En este acelerado país de prebendas y corruptelas, Francisco Camps y sus trajes están casi olvidados, como lo están Blesa, el pequeño Nicolás y tantos otros, así que hablemos de algo más reciente, aunque con un nostalgico preambulo historico para mostrar destellos del lazo que todo lo une.

   Cuando en la transición de la dictadura franquista al bipartidismo gobernaba en este país Adolfo Suarez, era ministro de la gobernación el leonés Rodolfo Martín Villa. En tiempos difíciles, y con numerosos atentados de la banda terrorista ETA, Suarez había escogido para velar por la seguridad de España a, como él, otro personaje de ascendente carrera franquista, vinculada en este caso al sindicato vertical. El reposado aspecto de su mirada distraída y su sereno y pausado tono de voz no impidieron que Martín Villa llegara a ser conocido como “la porra de la transición”, por su contundencia al reprimir las protestas sociales, pero también se ganó el apodo de “El sastre” porque solía comenzar sus declaraciones ante los medios de difusión tras un atentado terrorista con la combativa frase “Vamos a tomar medidas...”, anunciando actuaciones para tratar de evitar que aquello que había sucedido se repitiera.

    El sastre Martín Villa continuó tomando medidas que afectaban a la ciudadanía, ya como ministro del interior en la renovada denominación del mismo puesto, cuando la UCD de Suárez ganó las elecciones del 77. En septiembre del 79 dejó el cargo, pero apenas un año después un reelegido Adolfo Suárez, y en plena construcción de la España de las autonomías y del café para todos, le nombró ministro de Administración Territorial, y tras la dimisión del abulense, su sustituto, Leopoldo Calvo Sotelo, le ascendió a vicepresidente del gobierno, donde se mantuvo hasta el triunfo del PSOE de Felipe González en octubre 1982. Desde entonces las medidas de este sastre nos afectaron menos, pero continuó, y continúa, siendo influyente. Fue secretario de Organización de la escindida UCD durante el descalabro electoral que provocó su posterior desaparición en febrero de 1983.  Después, tras diversas aventuras políticas, con la creación del Partido Popular en 1989, se incorporó a sus filas, lo que le permitió ser diputado por Madrid durante tres legislaturas, la tercera de las cuales no llegó a completar porque en febrero de 1997 Aznar le premió con la presidencia de Endesa, y para privatizar la joya eléctrica pública de la corona, y lucrativo destino de puertas giratorias, cargo que ocupó hasta mayo de 2002 cuando fue sustituido por Manuel Pizarro, aunque mantuvo la titularidad de las divisiones energéticas internacionales de la empresa en Italia y Chile.

    En 2004 pasó a presidir Sogecable, el progresista grupo de comunicación audiovisual de Prisa TV, de manos de Jesús de Polanco, donde permaneció hasta octubre de 2010, con 77 años, así que alguna medida tomaría también en ese puesto y seguro que nos afectó en mayor o menor grado. Cómo seguro que lo hizo en su última incursión pública como comisionado del gobierno para el desastre del Prestige. Precisamente allí coincidió con dos de los pésimos sastres cuyas medidas nos están torturando los últimos cuatro años, la legislatura más larga y tortuosa del bipartidismo político impuesto desde 1978, Mariano Rajoy y Soraya Saenz de Santamaría, que cual inseparables quijote y sancho ahora son presidente y vicepresidente del gobierno, y entonces eran vicepresidente del gobierno y portavoz del desastre, y fiel escudera de sus continuos desatinos, un equipo perfecto para gestionar catástrofes. Entre las catastróficas medidas de esta legislatura tomadas por semejante tándem están los recortes en sanidad, educación y sociales, las subidas de impuestos, la corrupción, las amnistías fiscales, los rescates bancarios, las limitación en derechos y libertades, … dentro de una larga y rastrera lista de incumplimientos de promesas electorales.

    Ahora, de cara a las nuevas elecciones, el sastre Rajoy nos quiere seducir con el anuncio de una medida que afecta a la exención del impuesto del IRPF en determinados supuestos, como continuar trabajando tras la edad de jubilación o durante el primer año de la vida laboral. La rimbombante propuesta beneficiaría casi exclusivamente a los votantes del PP, porque en el caso de quienes acceden al empleo por primera vez lo suelen hacer en unas condiciones salariales que no superan los aproximadamente 14.000 euros de exención general que contempla el IRPF, así que sólo se beneficiarían de la misma los afortunados que lograran un contrato por encima de esas cifras o los privilegiados cuyos empleos se forjan en la casta que les ampara, seguramente con más simpatías por el PP que por cualquier otro partido. En cuanto a los jubilados que prolonguen su vida laboral voluntariamente, el regalo no tiene una limitación temporal, pero no veo accediendo a ello a ningún trabajador que tenga que desempeñar empleos que requieran esfuerzos físicos o mentales agotadores o estresantes, que están deseando dejar de trabajar, sino a altos directivos con cómodas tareas como estampar su firma o exponer su consejo, como seguramente hacía Martín Villa cuando se fue de la presidencia de Sogecable con 77 años. Otro regalo más para que esos privilegiados puedan incrementar sus ostentosos e indecorosos ritmos de vida que será proporcional a sus ingentes ingresos, y quizás una nueva decisión para mejorar el traje a medida para la próxima jubilación de Rajoy y su dorada plaza de registrador de la propiedad en Santa Pola (Alicante), aún más lucrativa y resplandeciente tras las legislaciones introducidas cuando Alberto Ruiz Gallardón era ministro de justicia, para cederles parte de las atribuciones de los registros civiles.

     Caben aquí las especulaciones, y la denominada Operación Menina sitúa a Soraya Sáenz de Santamaría como candidata del PP a la presidencia del gobierno tras las elecciones del 20D y en sustitución de un Mariano Rajoy prejubilado. Ya le sustituyó en el debate electoral a cuatro del pasado 7 de diciembre, y allí tanto PSOE como Ciudadanos perjuraron que no apoyarían al registrador gallego como candidato a la presidencia del gobierno, pero nada opinaron si la candidata era Soraya. Sin duda Rajoy está salpicado por la corrupción, y sin sobresueldos que trincar en la política es más rentable el nuevo registro de la propiedad hecho a medida por los sastres populares. En este sentido la protagonista de la supuesta operación Menina ya ha empezado a ejercer de sastre, o modista, del poder, y a barajar medidas para mejorar su traje. Preguntada sobre la experiencia del reciente debate aseguró que lo más duro había sido aguantar las dos horas con tacones, así que para la próxima vez manifestó su deseo, no de quitarse los tacones, sino de que los demás candidatos se los pusieran. Así son las medidas de los sastres del poder.

jueves, 8 de octubre de 2015

Clubs indeseables

   Aseveraba Groucho Marx  que jamás pertenecería a un club que aceptara como socio a alguien como él. La ingeniosa frase puede significar que el autor cuestionara sus propias capacidades y aciertos para escoger lo que más le convenía, e incluso su integridad ética y social, pero también puede ser una razonable duda sobre las verdaderas motivaciones y últimas consecuencias de la agrupación de socios y sus posibles y perniciosas degeneraciones que pueden convertir en altamente indeseables a algunos clubs.

   Pongamos un ejemplo que podamos comprender, por cercano y amplio, más o menos todos. Imaginemos un club que, como casi todos, busca el prestigio para crecer y expandirse con tal ahínco que ahoga sus nobles principios y loables objetivos para favorecer a sus socios, si hubieran sido su esencia en algún momento, en sus propias ansias de demostrar su importancia, valía y crecimiento. En realidad la deriva de cualquier entidad, institución, club, e incluso persona, depende de las directrices que marquen los comportamientos de sus dirigentes es decir, de los valores que gobiernen sus cerebros. El sociólogo norteamericano Harold Lasswell, pionero en estudios sobre sociología política y sobre comunicación y propaganda, defendía que el hombre era un animal “maximizador” de valores. Si nuestros valores potenciados fueran la justicia y la solidaridad; la libertad, igualdad y fraternidad aclamadas en mayo de 68, absolutos y universalmente aceptados por toda la especie humana, sin duda el planeta y la humanidad irían mejor. 

   Desafortunadamente los valores inculcados por el capitalismo dominante son la competitividad y el consumismo, ambos para garantizar el máximo beneficio del dios que da nombre al sistema, el capital, y básicamente a través de la trampa del prestigio, que en el caso de la competitividad encumbra a quien triunfa sobre los demás y en el caso del consumismo a quien posee más o más exclusivo. Así pues la inteligente y dominante especie humana se mueve esencialmente por algo que, además de ser subjetivo y potencialmente diferente, también puede llegar a ser ilusorio e incluso fruto de la superstición, no en vano la definición de ese perseguido prestigio es, según define la RAE en las cuatro acepciones que recoge: 

1- Realce, estimación, renombre, buen crédito. 

2- Ascendiente, influencia, autoridad. 

3- Fascinación que se atribuye a la magia o es causada por medio de un sortilegio. 

4- Engaño, ilusión o apariencia con que los prestigiadores emboban y embaucan al pueblo.

   Bajo estas premisas triunfó un club en el que se prestigiaba la igualdad de sus socios pretendiendo ayudar a los más débiles, y la excelencia de su necesaria existencia en la ostentación y el lujo con que disfraza a sus instituciones y representantes. Para ello el exclusivo club, a cambio de una parte de las cuotas de los socios para vivir como el dios como parece comportarse, se esmera en lustrar sus símbolos para recaudar más mientras viven despilfarrando placeres mundanos con el resto, favoreciendo a unos pocos socios con sus decisiones y directrices que perjudican claramente al grueso de sus socios, pero favorecen las ocasiones de negocio, que finalmente acabaran de un modo u otro engordando los intereses de los directivos del club. Las migajas se destinan a lavar la imagen, y tal vez la propia negrura de sus conciencias, dedicándola a subsanar los casos más extremos de necesidad entre sus miembros, que al fin y al cabo son los que más réditos propagandísticos dan.

   Lo pernicioso para la mayoría de los asociados no son las cuotas, son las decisiones a las que se someten pues les conducen a deshacerse de sus propiedades y servicios con la falsa excusa de una mejor gestión y eficiencia, y a adoptar un orientado progreso en cuya financiación prolonga las deudas hasta el infinito y cuya construcción esconde muchas veces, oscuros entramados de enriquecimientos ilícitos.

   Así los fondos FEDER, los que publicita la Unión Europea como destinados a disminuir las diferencias entre regiones y al desarrollo de las menos favorecidas, se pueden destinar a financiar el 80 por ciento de los 2 millones de euros que costó el campo de golf que pueden ver los desarrapados y desatendidos inmigrantes que pretenden saltar la valla que separa Melilla de Marruecos.



   No se a que necesario e imprescindible desarrollo conducen los campos de golf, pero parece que habría prioridades más básicas para destinar esos fondos. Vale que podía haber sido peor y haberse dedicado ese dinero a construir una valla más grande, como se destinaron 1200 millones de euros (con más de un 20 por ciento sobre lo presupuestado, como sucede en las principales corruptelas de las administraciones españolas y sus tramas) a construir una nueva sede del Banco Central Europeo (BCE), el mismo que abandera la austeridad impuesta por las políticas de la UE mientras presta casi gratis el dinero a la banca privada para que esta cobre intereses de usura a los estados para financiar la deuda a los que les aboca, obligándoles a vender y privatizar todos los bienes y servicios que aún no han regalado al lucro del capital privado. 

   Aunque se oculte bajo la solidaria palabra Unión y los acordes de hermandad del himno a la alegría de Bethoven, el club europeo es sólo el ampliado instrumento económico para satisfacer las ambiciones y necesidades económicas que potenciaron sus inicios, de tal modo que ha arrastrado a la pobreza a casi el 30 por ciento de sus habitantes a la par que los ricos se enriquecen aún más. 

Eso no quiere decir que una Unión Europea solidaria y pensada para las personas no fuera un excelente modo de mejorar la vida de sus habitantes, como lo sería una moneda única al servicio de los Estados y no de la especulación. Lo realmente lamentable es que quienes han ayudado a crear la actual son nuestros representantes políticos, esos que mayoritariamente nos venden sus bondades con ahínco mientras se revuelcan en el lujo y las prebendas, cuando no en la corrupción. Lo han convertido en un club indeseable. Tenía razón Marx, Groucho, es mejor no pertenecer a él si nos ha admitido como socios, pero quizás también la tenía su demonizado homónimo Karl cuando afirmó “el poder político es simplemente el poder organizado de una clase para oprimir a otra”, de ahí la importancia de que los movimientos ciudadanos lo ocupen y desalojen a los actuales esbirros del poder.

miércoles, 17 de junio de 2015

Los detractores del cambio

Las hordas peperas y sus voceros, oficiales y mediáticos,  multiplican sus derrotistas discursos contra el cambio político, sus catastróficos resultados y lo herético de sus líderes e ideologías, mientras que los combinan con las bondades idílicas sobre la continuidad y la estabilidad, el buen saber hacer de sus experimentados componentes y sus recetas economicas y sociales como única alternativa a las crisis. Ante una realidad siempre hay quien quiere iniciar un proceso de cambio y quien no, y cada cual tiene sus motivos.







De los siguientes, y en general,


Por si acaso no tienes suficientes ya, aquí tienes algunos argumentos más favorables al cambio:

Las masas humanas más peligrosas son aquellas en cuyas venas ha sido inyectado el veneno del miedo.... del miedo al cambio.

Octavio Paz (1914-1998) Poeta y ensayista mexicano.


En un mundo superior puede ser de otra manera, pero aquí abajo, vivir es cambiar y ser perfecto es haber cambiado muchas veces.

John H. Newman (1801-1890) Cardenal y escritor británico.



El cambio es ley de vida. Cualquiera que sólo mire al pasado o al presente, se perderá el futuro.

John Fitzgerald Kennedy (1917-1963) Político estadounidense.



                 El mundo odia el cambio, sin embargo, es lo único que ha traído el progreso.


Charles Kettering (1876-1958) Ingeniero e inventor estadounidense


                    No hay inteligencia allí donde no hay cambio ni necesidad de cambio.


Herbert George Wells (1876-1948) Escritor estadounidense



¿Por qué se ha de temer a los cambios? Toda la vida es un cambio. ¿Por qué hemos de temerle?

George Herbert (1593-1633) Poeta religioso inglés.



 El mejor regalo que podemos ofrecerle al mundo es el de nuestra propia transformación”.


Lao Tse (siglo IV antes de Cristo) Filósofo chino.


Las personas cambian cuando se dan cuenta del potencial que tienen para cambiar las cosas.

Paulo Coelho (1947-?) Escritor brasileño.


Nunca creí que pudiéramos transformar el mundo, pero creo que todos los días se pueden transformar las cosas.

Françoise Giroud (1916-2003) Escritora y política francesa.


Todos piensan en cambiar el mundo, pero nadie piensa en cambiarse a sí mismo.

Alexei Tolstoi (1882-1945) Novelista soviético.



...y después actúa en consecuencia en cada instante de tu vida.

 

sábado, 13 de junio de 2015

Las hormonas del nuevo poder

Las hormonas son sustancias producidas por células especializadas con el fin de influir en la función de otras células. Así pues son mensajeros químicos, producidos por todos los organismos pluricelulares, incluidos los vegetales, aunque en este último caso únicamente filohormonas capaces de regular todo cuanto afecte a su crecimiento y desarrollo. Los organismos animales, más complejos en su composición y funciones generan más hormonas en proporción a su complejidad, y en todos ellos cumplen esa función comunicadora de la química, al nivel de los neurotransmisores y las feromonas en aquellas especies que las generan, pero todas ellos son esenciales para que los órganos y cuerpos sigan las directrices marcadas por los órganos rectores en cada momento para mejor garantizar la supervivencia del individuo y de la especie. Las más estudiadas, en animales y humanos, son las sintetizadas por las glándulas endocrinas, aunque son capaces de producir hormonas casi todos los órganos.

Desde la autosuficiencia característica de la raza humana nos gusta pensar que somos capaces de dominar todo desde nuestras poderosas mentes racionales, pero nos olvidamos del casi absoluto poder decisorio del inconsciente, y sobre todo de que somos animales que, aun evolucionados, conservan sus más esenciales instintos de supervivencia, como todos los animales.

En este sentido se puede se puede asegurar que la evolución de la vida animal, al menos en el caso de los vertebrados, está marcado por la testosterona, la hormona que estimula el desarrollo de los caracteres secundarios del macho y la producción de esperma. Es la testosterona la que provoca la agresividad en la lucha de los machos por las hembras (la de las hembras está más relacionada con la protección de los cachorros) en la que el más fuerte garantiza la supervivencia de sus genes a través de la descendencia, y es la testosterona la que mantiene en su privilegiado asiento a los machos alfa de las manadas; tanto es así que se ha comprobado que en las hienas, especie en la que las hembras dominan, es la mayor presencia de testosterona en sus organismos la que define su agresividad y escala en la pirámide grupal.

Vale que los machos humanos ya no nos peleamos, salvo excepciones, para conquistar a las mujeres, (porque afortunadamente a ellas les seducen más otras motivaciones porque sino aún andaríamos a hostias por lograr su atención) pero aún así las culturas, exceptuando alguna rareza matriarcal, y sociedades humanas se basan en la testosterona, trasladando el poder de la fuerza física al poder de cualquier otro tipo: económico, legal, institucional,... hasta espiritualmente las tres tendecias dominantes en el planeta, cristianos, musulmanes y judíos están marcadas por la testosterona y son profundamente machistas.

Políticamente sucede lo mismo, se gobierna bajo el criterio de la testosterona, en este caso doble; la primera la del propio candidado que como individuo quiere agrandar su ego y exhibir su poder, y la segunda la del sistema que le sustenta basado en el poder económico, que quiere más y más dinero en una retroalimentación infinita que enriquece a unos pocos y esclaviza y aboca a la miseria a la mayoría.  

Ahora el sistema se revuelve y advierte de los peligros del cambio y de las catastrofes que se avecinan porque intuye que se acerca el final de la testosterona como hormona del poder dominante en la política española, la que asigna la corona y los títulos por genes y linaje, la que pretende perpetuar el dominio de los poderes existentes y mantener las desigualdades y los estatus alcanzados históricamente por la fuerza, la que maquilla de democracia la oligarquía que gobierna nuestros destinos, y los del todo el planeta como consecuencia de la globalización. Los poderes globalizados por  la testosterona saben que si en España el cambio funciona todo el sistema se resquebrajará hasta hundirse porque se basa en la desigualdad y la especulación.

Tal vez durante muchos siglos la testosterona fue necesaria para garantizar nuestros instintos de supervivencia con respecto a otras especies, e incluso culturas, pero hace ya demasiado tiempo que sabemos que todos los seres humanos somos iguales y ya llegado el momento de cambiar nuestro nivel de conciencia y colocar como nueva hormona del poder a la oxitocina, que es la que a la postre nos garantiza la existencia como individuos. 

Esta hormona es generada masivamente por la mujer durante el parto y la lactancia, y es la que ayuda a crear los fuertes lazos materno filiales que convierten la supervivencia del recién llegado en el principal objetivo de la progenitora. La conocida como hormona de la empatía, del amor, de la confianza, de la generosidad,... también es generada por los hombres, pero en menor cantidad (como sucede con la testosterona en las mujeres) y principalmente durante los orgasmos, situación que comparten con las mujeres, en ellos provocando la circulación del esperma y en ellas la contracción de la musculatura pelviana. Ese dominio de la testosterona sobre la oxitocina en el hombre es el que ha dominado y domina la historia y nuestra realidad política y social, primando la fuerza y el poder de cualquier tipo y sus manifestaciones, sobre la empatía ante cualquier ser vivo, pero en especial ante los congéneres. 

Afortunadamente, el cambio hormonal que rija nuestra globalizada sociedad está aquí. Precisamente dos empáticas mujeres, las nuevas alcaldesas de las dos principales ciudades del país dejaron patente la nueva hormona dominante cuando, tras saberse vencedoras, anunciaron que su prioridad iban a ser las personas y evitar las situaciones de miseria que afectan cada vez a más población gracias a las políticas de la testosterona que priman macroeconomía y presunto prestigio internacional, además de sus prebendas y poltronas sobre cualquier otra cosa.

Era emocionante comprobar como en las tomas de posesión de los alcaldes de las grandes ciudades promovidos por plataformas ciudadanas, mareas de esperanzadas personas que celebraban el necesario cambio en el que el pueblo tome en realidad el poder, no a través de escogidos representantes y corruptos partidos políticos, y haga políticas más humanas, y para las personas; porque el futuro debe basarse en la solidaridad, no en competitividad. No va a ser fácil porque las estructuras de la testosterona y sus voceros tratarán a toda costa de evitar la caída de su régimen y para ello es necesario que los nuevos gestores no lo hagan bien, porque si lo hacen medianamente bien, se acabaron los falsos argumentos del apocaliptico caos que anuncian por llegar con su ausencia.

 

 En cuanto a la mayoría de las mujeres politicamente poderosas hasta ahora, sólo son para dar sensación de igualdad, pero en el fondo son más de lo mismo y su única empatía es con el dinero y los privilegios que les otorga el poder. Hay otros muchos, pero pongamos como ejemplo a Rita Barberá que aparcó su coche durante 24 años para rodearse de vehículos oficiales y otros lujos, además de tener el sueldo de cargo público más elevado de España. 

Los nuevos lo harán bien. Sólo con recortar tanto derroche y privilegio, y suprimir tanto asesor de confianza inútil tienen una parte hecha, pero mientras el sueño se realiza por completo recuerda que los orgasmos incrementan tu empatía, lo que sin duda mejorará el mundo.



 (El  vídeo es de julio de 2012, con drásticos recortes sociales ya adoptados, y es indicativa del grado derroche del sistema político español)