Con demasiada frecuencia nos imponen una supuesta realidad, y ocultan esos pequeños detalles que marcan la diferencia.

sábado, 11 de enero de 2014

Luces en las tinieblas (engaño en dos partes)


Cuando se navega en la más absoluta oscuridad cualquier atisbo de claridad supone un notable alivio. En este país el tenebroso panorama comenzó recortando salarios y derechos a los funcionarios y trabajadores para continuar depauperando y desmontando cuantos servicios públicos ofertaba el estado a los ciudadanos con el fin de satisfacer sus necesidades más esenciales, entre ellas sanidad y educación. Paralelamente nuestro país era rescatado con cerca de 46.000 millones de euros para tapar los gigantescos agujeros que habían provocado en las cuentas de resultados de algunas entidades bancarias los excesos, la especulación, la negligencia y las grandes prebendas de sus gestores. Las entidades destinatarias del rescate coincidieron con antiguas cajas de ahorro, existentes prácticamente en todas las provincias españolas y que, democráticamente durante los primeros años de gobierno de Felipe González, abrieron sus consejos de administración al control político, social y empresarial, que en muchos casos les llevaron, en mayor o menor medida, a la ruina. La mitad de la millonada, prestada por Europa y que pagaremos entre todos con los impuestos que antes se destinaban a financiar el estado de bienestar que nos están arrebatando, se destinó al agujeró sin fondo en que se convirtió Caja Madrid y el engendro de Bankia tras la pésima gestión de los cargos políticos que se sucedieron al frente, entre ellos Miguel Blesa y Rodrigo Rato. El buque insignia de la depravada degeneración de las cajas de ahorro españolas, Bankia, también lo fue de los excesos y el amiguismo, y así esa situación generalizada se fundió con la falsa sensación de progreso y bonanza que mezclada con la burbuja inmobiliaria provocó una desproporcionada concesión de créditos y de ruinosas inversiones, con la posterior falta de liquidez. Fue entonces cuando para dotar de efectivo a sus vacías arcas, y ante la imposibilidad de salir a bolsa para financiarse, decidió poner a disposición de sus clientes las famosas “preferentes” y otra deuda subordinada cuya peculiaridad era que sus propietarios eran los últimos en cobrar en caso de quiebra. Sólo en Galicia, entre Caixa Galicia y CaixaNova, más de 43.000 personas compraron esos productos que, entre una cosa y otra, en España pueden afectar a más de medio millón de engañados. Entre las entidades que conformaban los conglomerados de las actuales Novagalicia, Catalunya Caixa y Bankia pusieron en el mercado más de 4.500 millones de euros de preferentes, con la particularidad de que se colocaron entre clientes ahorradores, sin el perfil inversor adecuado, y en muchos casos fraudulentamente, y en otros  a personas incapacitadas e incluso falsificando sus firmas.
Ahora entidades y afectados pretenden llegar a acuerdos a través de arbitrajes, y mientras los casos que han llegado a los tribunales dictan sentencias favorables a los clientes condenando a las entidades financieras por su miserable comportamiento, los responsables que las dirigían siguen disfrutando de sus millonarios retiros.
En el paradigmático ejemplo concretado en la evolución de Caja Madrid a Bankia, Miguel Blesa, el desastroso gestor de la primera hasta promocionar las preferentes, sigue en la calle, aunque imputado, como otros tantos. Muchos otros, como Rodrigo Rato, autor de que, agotado el timo de las preferentes, se pasara al de las acciones al engendrar Bankia y ampliar su capital en unos 3.000 millones de euros, un 60 por ciento en manos de particulares, que prácticamente se redujeron a nada más tarde, al conocerse la fraudulenta realidad de todo el tinglado, siguen disfrutando de sus doradas ausencias y, en su caso, cobrando jugosas gratificaciones en Telefónica. Todos ellos han sido culpables de la desastrosa situación económica que pagamos los ciudadanos a través de precariedad y perdida de derechos, y continúan, orgullosos, disfrutando ostentosamente de los botines robados y libres de polvo y paja.
En medio de semejante panorama, los gobernantes que no hacen nada por evitarlo, y más bien al contrario lo propician y encubren, han recibido desde hace un par de meses la consigna de hablar únicamente de lo bien que va la economía, para ocultar la perdida de derechos sanitarios, educativos, laborales, salariales,… y de libertades de todo tipo, hasta retornarnos al oscuro medievo.
El 17 de noviembre del pasado año Mariano Rajoy afirmaba ante las juventudes populares y todo aquel que le quiso escuchar: “"Ya se ve que hemos tomado el buen camino. Ya se ve la luz al final del túnel y se ha reducido el paro por primera vez en muchos años", para acto seguido ratificar que continuaría con sus exitosas reformas, en muchos casos de lamentables resultados.



Segunda parte
Prácticamente un mes después, el 19 de diciembre, la subasta que regula el precio de la electricidad decidió que la “factura de la luz” subiría en enero de 2014, aún en pleno túnel, a pesar de los optimistas,  un 11,5 por ciento. Esas eran todas las luces que veían los habitantes de este país, y aunque posteriormente las intervenciones gubernamentales redujeron a poco más del dos por ciento la subida que experimentaría el recibo de la luz con el comienzo del año. La realidad eléctrica y de los enchufes que iluminan este país es que, en lo referente a la factura energética, lo que no ha subido ahora subirá más tarde, y en cuanto a las empresas a las que les pagamos esos servicios, son de las más rentables del planeta.
En 2012 Iberdrola y Endesa eran la segunda y la tercera eléctricas que más ganaban de Europa sólo por detrás de la francesa EDF que ganó 3.557 millones  de euros frente a los 2.868 y 2.771 millones de sus rivales hispanas. Gas Natural-Fenosa era la décima con 1.657 millones de beneficios. Todas ellas habían escalado en el ranking en estos tiempos de crisis en los que el consumo eléctrico en nuestro país había descendido del orden del cinco por ciento anual, mientras que el coste de la factura se incrementaba cada año casi el doble.
Las eléctricas españolas aseguran obtener cerca del setenta por ciento de sus ingresos fuera de nuestras fronteras, pero las facturas que pagamos y sus indescifrables entramados aseguran, hasta blindar, beneficios a muchos caraduras. A saber:
Una treintena de políticos españoles han sido o son costosos consejeros de eléctricas españolas o monopolios relacionados, como Red Eléctrica, entre ellos Aznar, González, Salgado, Boyer, Solbes,… las conexiones se multiplican y se acercan al centenar si se abre el abanico a otras empresas energéticas, como las petroleras, o sectores como la construcción o la telefonía. Así pues una parte de nuestras facturas lucra a antiguos políticos.
La de la luz lo hace y además financia otros aspectos, siendo el coste real de la producción energética apenas del 40 por ciento del total, y otro 30 se iría en impuestos. Los detractores de las energías renovables dicen que la prima sobre este tipo de producción es la que encarece nuestra factura, aproximándose al veinte por ciento el coste medioambiental. Esto es así, pero no es el único motivo, ya que la cogeneración, que conlleva la quema de gas natural, también recibe este tipo de primas.
En nuestro retrógrada factura, además de tecnologías renovables, también se subvenciona la producción de carbón nacional, que da trabajo a mineros, pero también beneficios a sus propietarios privados. Otros de los beneficiados por más del diez por ciento de nuestros pagos son las grandes empresas que aún ahora que la sobreproducción energética desborda la demanda reducida drásticamente por la crisis continúan cobrando por la llamada interrumpibilidad, que en caso de necesidad para la red volcaría en esta toda su potencia. Es decir, cobran por nada unos 200 millones de euros al año. Otros 800 millones de euros priman, especialmente a las centrales de ciclo combinado capaces de generar a voluntad grandes cantidades de energía en un breve periodo de tiempo con el fin de abastecer a una presunta demanda de la red. Más regalos totalmente gratuitos, y más cuando en los últimos años se ha cuadriplicado su montante, y puesto que la actual capacidad productiva española supera los 100 gigawatios, doblando a la máxima demanda jamás alcanzada en España.
Nuestros legisladores no dejan de repartir dinero y de financiar sus futuras poltronas a costa de nuestras facturas.
Las renovables primadas produjeron en 2013 el 28 por ciento de la energía consumida en España. Sin duda el potencial del autoabastecimiento que encierran mermaría los beneficios de las grandes eléctricas y las poltronas de sus consejos de administración de ahí que nuestros políticos pretendan penalizar e impedir su proliferación y amparen fraudes como los que encierra la factura energética.
Cuando a finales del invierno de 2012 el revelador Jordi Évole entrevistó a Felipe González, el sobrado ex presidente, matizó que el cargo no le procuró una jubilación, sino que los más de 4.000 euros mensuales que reciben quienes han ocupado la presidencia de este país se deben a una medida propuesta por él mismo para honrar la figura de quien ostentó tan elevado privilegio a través de financiarle el pago de personal y oficina a su servicio. En lo referente a su lucrativo cargo como consejero de  Gas Natural-Fenosa, sentenció que lo ejercía con el mismo sentido de estado que todas sus actuaciones, lo que sin duda se refleja en la transparente factura de la multinacional. Por cierto, recientemente ha manifestado que dejará el cargo porque es demasiado aburrido. Haber si cunde su ejemplo y de una vez por todas, todos cuantos inútiles influyen negativamente en nuestras vidas se aburren y lo dejan de hacer, y encima de cobrar por ello.

*Un exhaustivo y revelador reportaje sobre la factura de la luz:

*Una interesante iniciativa para defender nuestro derecho a la energía libre:

 http://www.somenergia.coop/es/


miércoles, 8 de enero de 2014

Rebajas y liquidaciones



Como cada nuevo comienzo de año se repiten los dogmas de este globalizado sistema. Suben impuestos, tarifas y tasas, y demás triquiñuelas que aprietan nuestras vidas y bolsillos soterradamente vía presupuestos del estado y resto de legislaciones específicas que eligen el 1 de enero para entrar en vigor. Los medios de difusión nos bombardean con estas informaciones hasta inculcárnoslas en el inconsciente para convertirlas en naturales y rutinarias. 
Lo hacen constantemente, casi diariamente, pero quizás en los albores del estrenado  calendario es cuando más abusan de esos datos que nos recuerdan que vivimos en un bucle consumista. Nos recuerdan los excesos gastronómicos, festivos y loteros de las recientes celebraciones, que otrora tenían ciertos tintes religiosos ahora difuminados por el resplandor de los escaparates.
Tras subrayar los derroches cometidos, los medios de difusión repasan los propósitos que no cumpliremos para el nuevo año y, además, nos obsequian con todas las dificultades que acentuarán la cuesta de enero…Pero acto seguido, como solución a nuestra miserable existencia, nos presentan las esplendorosas rebajas en las que podremos ahogar nuestra congoja consumiendo compulsivamente, este año hasta por un valor medio de 85 euros por habitante.
Todos los medios refuerzan con sus artículos, reportajes y opiniones que, aunque sean rebajas, mantenemos intactos todos nuestros privilegios de consumidores. Cada año nos repiten, para que no nos engañen, las diferencias entre promociones, rebajas, saldos y liquidaciones. Básicamente las primeras se pueden realizar en cualquier época del año mientras que las segundas se limitan a las de invierno y las de verano, aunque ambas garantizan la calidad de los productos y los derechos de los compradores, dicen. Los saldos ya introducen la posibilidad de taras o defectos en los objetos de venta, mientras que la liquidación es aún más drástica y viene determinada por intervenciones judiciales o cierres de negocios en muchos casos.
La tan cacareada marca España, con empresas que incumplen contratos internacionales, ex empresarios en prisión, retrógrados gobernantes que mienten y destruyen derechos y libertades con su legislación y actuaciones, y roban cuanto pueden en una corrupción que alcanza hasta a la intocable realeza, en el negocio generalizado de unos pocos, ya ha pasado por todos esos estadios. Ahora es un solar en el que los malnacidos que nos dirigen no dudan en especular con lo único que le queda al país, la dignidad de sus habitantes, obligándoles a emigrar por falta de trabajo, a carecer de sanidad y de educación adecuadas, a perder sus viviendas y hasta a pasar hambre. Excelente labor la de esta manipulada democracia para el bolsillo de los más poderosos.
¡¡¡Viva el consumismo globalizado que sustenta el sistema!!! Y el caso es que casi todos participamos en él…

sábado, 21 de diciembre de 2013

Los cortijos de los abuelos



A finales del siglo XIX, en pleno reparto de la tarta colonial africana entre las potencias europeas, se realizó La Conferencia de Berlín que bajo las directrices del canciller alemán Otto Von Bismark puso fin momentáneamente a las rencillas y enfrentamientos por los territorios africanos. La conferencia se desarrolló en la capital alemana entre noviembre de 1884 y febrero de 1885 a petición de Francia y Gran Bretaña, y con la activa e interesada participación de Leopoldo II de Bélgica, quien durante los últimos años había financiado la exploración de los últimos territorios sin cartografiar de África, coincidentes con la cuenca del río Congo. 
Uno de sus exploradores fue el norteamericano Henry Morton Stanley, protagonista de la famosa frase “El Dr. Livingstone, supongo”, al encontrar al voluntariamente desaparecido descubridor, David Livingstone, que se negó a regresar a la civilización.
          El monarca belga se las ingenió para convencer a todos las potencias en liza que para mantener el equilibrio en el reparto, entre otras muchas de las medidas aplicadas, era necesaria la creación de un territorio indiviso que abarcara toda la cuenca fluvial del Congo, para garantizar su completa y libre navegabilidad por parte de cualquier país, lo que hasta aquel momento había sido objeto de conflictos. El resultado fue un fragmentado continente cuyos destrozos aún pagan muchos de sus habitantes con guerras y miseria, pero en lo que nos interesa ahora se plasmó en la creación de un Congo francés y el llamado Estado Libre del Congo, ambos con salida al mar.
         Éste último territorio, de sugerente nombre cercano a la libertad, estaba gestionado por la Asociación Internacional del Congo, una pantalla para ocultar que simplemente era propiedad privada de Leopoldo II. Hasta los nombres de las ciudades delataban esa singularidad: su capital se llamaba Leopoldoville. Los gigantescos y ricos territorios fueron explotados como si de una gran finca propiedad privada del monarca se tratara, con sus habitantes en régimen de esclavitud y con el caucho y el marfil como principales productos lucrativos. Los avances ideológicos de la época fueron incrementando su presión sobre tan feudal situación y en contra de los genocidios y violenta opresión contra los congoleños, y finalmente en 1908 el rey no pudo resistir más y pasó el control de los territorios a la administración belga. El legado del antepasado de la actual monarquía democrática belga asciende a ocho millones de congoleños muertos represaliados.
      Un año después Leopoldo II moría, y aunque el territorio pasó a ser el Congo Belga, y depender del estado, las cosas no cambiaron demasiado, como en todas las colonias, excepto por los productos a explotar, a los que se añadieron cobre y todo tipo de metales que convierten el territorio en un rico tesoro en constante conflictos bélicos por culpa de los intereses económicos y las grandes multinacionales. En 1960 logró la independencia y a partir de ahí las guerras por la explotación de sus materias primas y la miseria del pueblo, salvo raras excepciones, han sido constantes, se llamara como se llamara, Congo Belga, Zaire o Republica del Congo actualmente.
         La tónica de lo sucedido con este país ha sido similar en todos los países africanos y de extremo Oriente que fueron colonias, mientras que en América la mayoría de los países para entonces ya habían pasado por sus respectivas explotaciones y procesos de emancipación, aunque les quedaran muchas dictaduras por sufrir. Cada uno de esos países fue, de un modo u otro, tratado como una finca de la metrópolis correspondiente, aunque no de modo tan descarado como lo fue el Congo de Leopoldo II, y eso ya entrado el siglo XX.
Más tarde los países liberados tuvieron sus propios dictadores  autóctonos que hicieron lo mismo en sus respectivos territorios, y aún hoy Libia, Siria, Egipto,… sufren los resultados de aquella opresión colonizadora y casi siguen siendo explotados como si fueran la finca, el cortijo o el latifundio de un poderoso abuelo cuyo brillo, del oro de su dinero o del acero de su espada, dominó en otros tiempos.
         En este sentido, si bien durante el medievo y las monarquías absolutas ese mal de vasallaje y esclavitud afectó a las poblaciones de todos los países, a medida que las ideas fueron evolucionando la opresión sobre el pueblo llano disminuyó o al menos se disfrazó de democracia, con más o menos suerte en cada país de los denominados occidentales.

En España, una vez más, nos llevamos la palma, como en todo ranking cuantificable, siempre y cuando su esencia sea negativa, en este asunto de los cortijos. Mientras los demás países evolucionaban a monarquías más permisivas, o incluso las erradicaban para hacerse repúblicas, aquí vivíamos todas las fases de las decrepitudes aristocráticas y de la realeza retrógrada, pasando por una ocupación francesa que nos retornaba al más absoluto poder monárquico que sólo se extinguía por muerte natural del monarca o gobernante de turno. Cada revolución insurgente era aplastada, aunque en este tira y afloja se lograban ciertos avances, si bien todos ellos se dieron crecientemente impregnados de uno de los escasos conceptos espirituales que la superior metrópolis se trajo de algunas de sus colonias de ultramar para incrustarla en lo más profunda de las creencias nacionales. Los jefes de algunas tribus de las islas del Caribe, que controlaban prácticamente todos las aspectos y opiniones de sus súbditos, eran conocidos como caciques. Para el año 1884 esos modelos ya habían sido tan copiados en nuestro país durante los anteriores lustros, que la Real Academia Española introdujo el término “caciquismo” en el diccionario con sus dos acepciones actuales:
-Dominación o influencia del cacique de un pueblo o comarca.
-Intromisión abusiva de una persona o una autoridad en determinados asuntos, valiéndose de su poder o influencia.

Así pues, mientras Federico II preparaba su finca particular del Congo, cuatro veces más grande que España, las clases dominantes de este país, más comedidas y solidarias ellas, preparaban el reparto de su pastel, cuatro veces más pequeño y compartido que el del monarca belga, pero quizás para compensar, más prolongado en el tiempo. De aquella época de la Restauración borbónica provienen las más importantes estructuras lucrativas y fraudulentas que aún gobiernan desde las cloacas de este monárquico y constitucional país. Ya hemos citado el primero de ellos, el caciquismo, que tras las convulsas primeras décadas del siglo XX, cuarenta años de franquismo, consolidaron firmemente, especialmente en la España rural, y aún hoy perdura y muchos de nuestros democráticos partidos mantienen en sus escaños a sucesores de aquellas sagas, especialmente el PP, pero también otras siglas de derechas y el PSOE. 
Con la llegada de la democracia, los caciques mejor colocados aprovecharon su tirón, y la herencia sobre la memoria social para colocarse en los puestos elegibles. Congreso, Senado, Diputaciones, Ayuntamientos y demás instituciones están repletos de ejemplos vivos de ello, sino ya de ellos mismos, de sus herederos, pues la característica caciquil suele ir anexa al apellido.
Otra característica instaurada extraoficialmente en la Restauración borbónica fue la alternancia de los partidos en el poder. Básicamente lo que vienen haciendo el PSOE y el PP, repartiéndose poltronas y blindando el sistema con una estrategia que les exige enfrentarse de vez en cuando, para dar la sensación de diferencias, pero básicamente hacer lo mismo cuando están en el poder.
Con ambas armas, caciques y bipartidismo, de siglas que no de actuaciones, la España del siglo XXI gravita entre los herederos del gran cortijo franquista, que en cuarenta años tuvieron tiempo de afianzar sus fincas y poderes, y los nuevos espabilados que se han montado sus nuevos cortijos desguazando las empresas y servicios públicos a favor de sus propios intereses o el de las grandes multinacionales de todo tipo que les compensan con enormes retribuciones en sus consejos de administración.   La globalización ha convertido el planeta en un cortijo, y los abuelos se esconden tras las acciones de las grandes multinacionales, pero básicamente el trato esclavista para la población volverá a confluir con el reparto de la tarta que a finales del siglo XIX propició Bismark para los ricos abuelos y a principios del siglo XXI propicia Merkel para las grandes multinacionales.

Una tercera estructura de las que atrapan actualmente a los españoles que tuvo su origen en la Restauración borbónica surgió al rebufo de las desamortizaciones que supusieron una de las primeras aperturas liberales del país, al ponerse terrenos a disposición del capital privado. Sí, efectivamente, desde entonces estamos en las manos de los funcionarios más elitistas, más protegidos y mejor remunerados del país, y que controlan y controlarán aún más nuestras viviendas, actividades legales y dentro de poco todos los datos relacionados con el registro civil y nuestras vidas: los notarios y registradores de la propiedad, cuyo lobby encabeza el propio presidente del Gobierno: Mariano Rajoy.
Fueron quienes dieron fe de los cortijos de sus abuelos, y ahora canonizan a las grandes multinacionales junto a los caciques supervivientes en su bipartidismo ladino, para todos ellos condenar al pueblo a la miseria y al desahucio.

Como Livingstone, quizás haya que desaparecer voluntariamente de esta podrida civilización.

martes, 17 de diciembre de 2013

Primer deseo cumplido


El pasado viernes se hizo público que los promotores del famoso Eurovegas no elegirían Alcorcón como destino de sus negocios, después de que los políticos madrileños lo llevaran vendiendo, junto con los juegos olímpicos que no serán, como salvación para este país. Tras el botellazo que recibió la candidatura olímpica de Madrid en plena jeta, ahora le toca el turno al faraónico proyecto que pretendía construir el mayor palacio de congresos de Europa en la comunidad del oso y el madroño. Alrededor de esa figura se iba a ubicar una gigantesca infraestructura anunciada como complejo turístico y de ocio, y que en la práctica convertía el entretenimiento en, como mínimo, posible ludopatía, pues estaría repleto de máquinas tragaperras, casinos y todo tipo de juegos lucrativos. Lo cierto es que, al olor del posible negocio, se ofrecieron para buscar terrenos propicios alguna administración catalana y empresas como Marina d’Or, aunque con menos ahínco y agasajos que la capital del reino, por lo que definitivamente sólo quedó esta última para optar a repartirse los jugosas beneficios programados. Tras varios meses y muchas  expectativas y exigencias sucesivas se barajó flexibilizar la legislación para adaptarla a las peticiones del magnate, o quizás mangante, norteamericano Sheldon Aldenson, hasta el punto de, por ejemplo, permitir fumar en el recinto. 
Tras dos años de flirteos y noviazgo en los que la novia España agasajó cuanto pudo al novio Aldenson, las exigencias de éste llegaron a tales extremos que fueron hasta inadmisibles hasta para los padres de la patria: exención de impuestos, blindaje de beneficios previstos, e incluso exclusividad en la explotación del negocio. 

Lo cierto es que tras tanta petición también estaba la falta de financiación por parte de unos bancos que no veían tan claro el negocio con el novio Adelson quiso seducir a la doncella España, que si bien ya estaba muy lejos de ser virgen, se vio profundamente mancillada una vez más con el consentimiento activo de sus padres ejecutores y legisladores políticos que, con los impuestos del pueblo, van pagando los agasajos y comilonas de las conversaciones, como sucedió con las Olimpiadas. Por cierto parece que ambas se las llevará Japón, a pesar su crisis, de Fuckusima, y de la visita del insigne Rajoy ofertándoles las condiciones de esclavitud de la mano de obra en nuestro país. 
Cuando hace ya unas semanas se rumoreaba la marcha de Aldenson, un canal de televisión preguntaba a los habitantes de la zona su opinión sobre la posibilidad de que los posibles inversores se fueran a otro sitio con su dinero. La sabiduría popular, encarnada en ama de casa cercana a los sesenta, se expresaba tajante ante las cámaras: “Que se vayan de una vez”,… “y que se lleven a todos estos de aquí también”, añadía en profundo tono desiderativo. 
Su primera parte del deseo está cumplida. A ver cuando llega la segunda.

 

domingo, 15 de diciembre de 2013

Modos de vida


Cuando la mayor preocupación social es tener trabajo, sin analizar las condiciones, estamos a un paso de regresar a una época en la que no había paro: la de la esclavitud. 

Nos han convertido en artificiales máquinas alejadas de la Naturaleza e integradas en su Sistema de producción que genera autómatas del trabajo, y del consumo, alejando cualquier atisbo de humanidad que nos permita reflexionar sobre nuestra verdadera esencia y lo gratificante de relacionarnos y compartir simplemente nuestro tiempo con otros seres y energías.Tus padres, que, mejor o peor, te ayudaron a crecer, tus hermanos, tus amigos, tu pareja, tus hijos,… tu mascota, todas las relaciones sociales no son trabajo y sin duda las echarías más de menos que a tu empleo si no estuvieran en tu vida. 

Entonces, ¿por qué obsesionarnos tanto con el trabajo?  Para ganar el dinero que nos permita vivir, nos reafirmamos satisfactoriamente. 
   Tal vez, pero antes vivían, y no hace tanto vivíamos, sin tanto bienestar material a nuestro alcance, pero con más contacto social, y eso que no teníamos teléfonos móviles… ni Internet, ni ordenadores, ni coches, ni… pero básicamente teníamos más tiempo, eso que ahora nos lo quita el trabajo o simplemente la preocupación de no tenerlo, de no poder pagar todo aquello que consideramos imprescindible en nuestras vidas a fuerza de acomodarnos en cuanto nos aporta. 
No se trata de ganar más, se trata de intentar gastar menos y de recuperar lo que el tiempo nos ha arrebatado abducido por el brillo del dinero, la comodidad y el consumo que necesariamente se han de sudar a través del trabajo: nuestras relaciones sociales, comenzando por las familiares. 
Todo empezó a generalizarse cuando un novedoso recién llegado comenzó a instalarse en nuestros hogares desplazando lentamente a la comunicación entre los miembros de la familia y convertirse en el centro de referencia y de creación de opinión, incluido el consumo.  

Sin duda le conoces, aunque se haya adelgazado, multiplicado, crecido y sofisticado  vertiginosamente, se trata de la televisión. A través de ella nos llegó y llega toda la información sobre la cultura y modos de vida dominantes que, impuestos o imitados, se acaban generalizando, pero para nada son los más naturales, saludables y adecuados para la humanidad. Más bien corresponden a unos intereses económicos establecidos que benefician a unos pocos, los mismos que pretenden esclavizarnos subrayando que lo importante es trabajar, sin dar la menor importancia a las condiciones en las que se desarrolle el trabajo.